¿QUÉ ES EL ESTRÉS Y COMO PODEMOS AFRONTARLO?

¿QUÉ ES EL ESTRÉS Y COMO PODEMOS AFRONTARLO?

By on sep 6, 2017 in Dolor, Fisioterapia, Higiene y Postura, Masoterapia | 0 comments

El estrés es indispensable en la vida, es la consecuencia de las actividades de las personas. No obstante, si la dosis de estrés no es la óptima, ya sea por exceso o por carencia, el estrés se convierte en distrés (estrés negativo) y exige una adaptación particular del organismo por encima de las normas fisiológicas, tanto en el aspecto biológico como en el físico y en el psicológico.

Cuando la persona funciona por debajo del umbral óptimo del estrés, el organismo está subestimado, poco solicitado física, psicológica y biológicamente. Si el reposo es excesivo, se traduce en enojo y fatiga. Por el contrario, cuando se funciona por encima del nivel óptimo, el organismo se encuentra súper estimulado, agotado por cansancio, demasiado solicitado, sometido a una adaptación excesiva que exige una secreción importante de hormonas de adaptación (adrenalina y cortisona), responsables de efectos secundarios y de alteraciones metabólicas y orgánicas, sus efectos inciden tanto en la salud física y mental, como en el rendimiento laboral y académico de la persona.

Provoca preocupación y angustia y puede conducir a trastornos personales, desórdenes familiares e incluso sociales.

El estrés implica cualquier factor externo o interno que induce a un aumento en el esfuerzo por parte de la persona para mantener un estado de equilibrio dentro de sí misma y en relación con su ambiente provocando reacciones fisiológicas y psicológicas.

Existen dos tipos de estrés que son:

Eustrés: Es el buen estrés donde el organismos responde de una manera satisfactoria resolviendo el factor causante

Distrés: El mal estrés donde las respuestas exigidas por una demanda intensa y prolongada, agradable o desagradable, son excesivas y superan las capacidades de resistencia y de adaptación del organismo.

El buen estrés es todo aquello que causa placer, todo lo que la persona quiere o acepta hacer en armonía consigo misma, con su medio y con su propia capacidad de adaptación. Es el estrés de la realización agradable por ejemplo la alegría, el éxito, el afecto, el trabajo creador, un rato de tranquilidad, compartir con otras personas o sea todos los aspectos que resultan estimulantes, fuentes de bienestar, de felicidad o de equilibrio.

El mal estrés es todo aquello que disgusta, todo cuanto la persona hace a pesar suyo, en contradicción consigo misma, su ambiente y su propia capacidad de adaptación. Ejemplos la tristeza, el fracaso, las malas noticias, la enfermedad, las presiones, las frustraciones, la carencia de libertad, que son fuentes de desequilibrio, alteraciones psicosomáticas y de enfermedades de adaptación.

¿Cómo se produce el estrés?

Los eventos externos como generadores de estrés no necesariamente deben ser muy notorios o intensos, sino que pueden “acumularse” en sus efectos hasta que llegamos al límite. La manera en que interpretamos y pensamos acerca de lo que nos ocurre afecta a nuestra perspectiva y experiencia de estrés. De manera que con frecuencia es nuestra interpretación lo que genera (o potencia) una reacción negativa de estrés, más que el evento o situación a la que nos enfrentamos. También se puede producir por nuestra reacción a las situaciones del entorno lo cual se ve afectada por nuestro nivel general de salud y bienestar. Una persona que está siempre agobiada, que duerme poco y no come de manera equilibrada, probablemente disponga de menos recursos para afrontar situaciones difíciles. La clave está en que logremos equilibrar descanso, alimentación, ejercicio físico, trabajo-estudio y ocio.

Fases del estrés

  1. Alarma: Es el aviso claro de la presencia de un agente estresante. Las reacciones fisiológicas ante este agente son las primeras que aparecen para advertir a la persona que debe ponerse en estado de alerta una vez percibida la situación y definir si puede hacerle frente para resolver esto de la mejor forma posible, con lo cual la verdadera señal de estrés no llega a materializarse, sin embargo cuando la barrera estresante supera a la persona y esta se da cuenta de que sus fuerzas no son suficientes, puede decirse que toma conciencia del estrés existente, lo cual la sitúa así en la fase.

  2. Resistencia: En esta fase el estrés prolonga su presencia más allá de la fase de alarma. La persona intenta continuar enfrentado la situación, pero se da cuenta de que su capacidad tiene un límite y, como consecuencia de esto, se frustra y sufre. Empieza a tomar conciencia de que está perdiendo mucha energía y su rendimiento es menor, lo cual la hace tratar de salir adelante, pero no encuentra la forma; esto hace que esta situación se convierta en un círculo vicioso, sobre todo cuando va acompañada de ansiedad por un posible fracaso.

  3. Agotamiento: Es la fase terminal del estrés, se caracteriza por la fatiga, la ansiedad y la depresión, las cuales pueden aparecer por separado o simultáneamente. La fatiga incluye un cansancio que no se restaura con el sueño nocturno, y generalmente va acompañada de nerviosismo, irritabilidad, tensión e ira. La ansiedad se experimenta tanto en agentes estresantes como aquellos que no la producirían, en cuanto a la depresión se puede producir pensamientos negativos, pesimistas sufrir de insomnio, carecer de motivación.

Respuestas ante el estrés

Ante una situación de estrés nuestro organismo tiende a responder comprendiendo las áreas cognitiva, emocionales y físicas.

Ante una señal de alarma que produzca estrés el cerebro envía de inmediato un mensaje a la glándula pituitaria que inicia la segregación de una hormona, la cual induce a que otras varias glándulas inicien la producción de adrenalina para poner a todo el organismo en un estado general de alerta. Las señales más aparentes de que se han activado los sistemas de respuesta son:

  • Pulso rápido

  • Aumento de la sudoración

  • Latidos del corazón rápidos

  • Estómago contraído

  • Brazos y músculos de las piernas en tensión

  • Respiración entrecortada y rápida

  • Dientes apretados con firmeza

  • Mandíbulas cerradas

  • Incapacidad para permanecer quieto y emociones intensas.

Cuando la persona manifiesta esos síntomas, es indicativo de que está preparada para enfrentar un peligro, amenaza o situación comprometida, sea real o imaginaria. No obstante, este estado es pasajero y reservado solo para reaccionar ante situaciones extremas, puesto que el organismo no podría mantenerlo como un estado duradero.

Síntomas de estrés

Las señales más frecuentes de estrés son:

Emociones: ansiedad, irritabilidad, miedo, fluctuación del ánimo, confusión o turbación.

Pensamientos: excesiva autocrítica, dificultad para concentrarse y tomar decisiones, olvidos, preocupación por el futuro, pensamientos repetitivos, excesivo temor al fracaso

Conductas: tartamudez u otras dificultades del habla, llantos, reacciones impulsivas, risa nerviosa, trato brusco a los demás, rechinar los dientes o apretar las mandíbulas; aumento del consumo de tabaco, alcohol y otras drogas; mayor predisposición a accidentes; aumento o disminución del apetito.

Cambios físicos: músculos contraídos, manos frías o sudorosas, dolor de cabeza, problemas de espalda o cuello, perturbaciones del sueño, malestar estomacal, gripes e infecciones, fatiga, respiración agitada o palpitaciones, temblores, boca seca.

Manejo de estrés

Si has notado que te estresas mucho puedes buscar estrategias para afrontarlo las cuales buscan prevenir o controlar los excesos en las demandas procedentes del entorno o bien de nosotros mismos. En los casos en que la situación que nos genera estrés es inevitable, como un examen o una lesión, el desafío consiste en hacer frente a la situación de la manera más saludable posible, lo cual incluye no seguir haciendo aquello que sabemos que no nos ha dado resultado.

Para ello te sugerimos algunas estrategias que han probado ser eficaces, y que pueden ayudarte a hacer frente a situaciones de mucha tensión.

  • Relájate. Realiza actividades que te permitan renovarte física y psicológicamente: descanso, vacaciones, deportes y actividades de ocio, técnicas de relajación.

  • Haz ejercicio. Las actividades físicas como caminar, nadar, o incluso limpiar el cuarto, reparan nuestras fuerzas y nos reaniman.

  • Mantén una dieta saludable. Evita la automedicación y el abuso de cafeína, alcohol y comidas.
  • Sé asertivo. Establece límites, aprende a decir que «no». Suspende las actividades que son menos prioritarias.
  • Organiza tu tiempo. Prioriza y estructura tus actividades y expectativas
  • Intenta mantener expectativas realistas. Esperar demasiado de uno mismo o de los demás, exigirte perfección o ser inflexible con las prioridades puede generar mucha frustración.
  • Comparte tus emociones. Busca alguien con quien conversar y expresar tus emociones, tanto la risa como el llanto.
  • Anticipa las situaciones estresantes y prepárate. Imagina la situación (el examen o la entrevista, por ejemplo) y practica tus respuestas y reacciones para estar preparado.
  • Ordena tu espacio personal. Limpia y arregla tu cuarto y tu mesa de estudio. Cambia tu ambiente físico de manera que te ayude a trabajar y descansar mejor.

Como tratar el estrés

La fisioterapia cuenta con un buen número de técnicas relajantes para combatir estos estados de tensión. Estas técnicas serán coadyuvantes de los demás tratamientos más específicos obteniéndose así un resultado óptimo

Métodos: Feldenkrais, de Alexander, Jacobson, Schultz, Caycedo, Mézières, RPG, Eutonía, Vittoz, ejercicios de respiración.

Masoterapia relajante

Consiéntete, un buen masaje puede ayudarte a liberar la tensión muscular así como a liberar endorfinas las cuales ayudaran a reducir el estrés.

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